lunes, 9 de junio de 2014

SER JOVEN

“Juventud, divino tesoro,
te vas para no volver.
Cuando quiero llorar no lloro
y a veces lloro sin querer.”
Rubén Darío
Esta vez no nos vamos a referir a la juventud del alma… a la misteriosa “Afrodita de Oro”, a esa bondadosa Madre que nos hace ver la parte bella y buena de la Naturaleza y del Alma.
Es, en cambio, a la comúnmente llamada “juventud”, a la que elevamos un sitial entre los afortunados. Pues, más acá de toda reflexión esotérica y conocimiento oculto sobre las reencarnaciones, es indiscutiblemente la primavera de la vida, con sus tormentas y pedreas de granizo, pero primavera al fin, pletórica de fuerza, vitalidad, colores y demás encantos. El famoso poeta de habla española que citamos al principio, supo recoger en versos muy simples el sentimiento colectivo de la mayoría de las personas; él era, sin duda, un amado de las Musas.
Me dirijo, entonces, a aquellos que aún no han cumplido los treinta años físicos. Sé que esta cifra como tope de la juventud es arbitraria, pero me parece la edad más ajustada, como término medio a nivel mundial.